Apalpando as palavras do salmom

28 setembro 2008

Un lugar maldito no corazón da Terra Chá

Cando era pequeno ia con certa frecuéncia a Vilalva, cabeceira da Terra Chá, case sempre para acudir à feira ou ben para sofrer unha longa mañá de compras. E para chegar a Vilalva, antes hai que pasar por un lugar chamado A Léghoa Dreita (respeitando a pronúncia local), onde podia e ainda hoxe pode observar-se unha silenciosa cruz branca disposta ao carón mesmo da estrada. Calquer pode ve-la. Non sei nalgun momento cheguei a perguntar-lles a meus pais polo significado daquela cruz, mais, se o fixen, nunca souberon explicar-mo con claridade. Anos máis tarde, un amigo meu, natural da freguesia de Trovo (relativamente perto tamén do lugar d'A Léghoa Dreita), contou-me a história daquela cruz e do estarrecedor crime que lle dera sentido. Fixo-o como quen comenta un ruxe-ruxe, como quen fai partícipe a outra persoa dunha descoberta estraña, borrosa e cuxa veracidade pendura dun fio. Sen nomes próprios, sen lugares exactos. Simplesmente un crime terrível. O suceso impactou-me, pois reunia todas as características exixidas a aqueles crimes (case inverosímeis pola sua exaxerada brutalidade) que noutrora habitaron as coplas e cartelóns desa cohorte de cegos andantes que aboiavan de feira en feira. Para un neno, e máis ainda se cadra para un neno rural galego, esa brutalidade podia doadamente entroncar coa brutalidade subxacente en muitos dos contos supostamente "infantis" que víñamos escuitando e lendo desde ben cativos e que, inevitabelmente, deixavan un pouso nocturno na nosa personalidade. Sen esquecer que na Terra Chá non escasean lugares relacionados con traxédias desmesuradas. Ou non sabeis que na Lagoa do Ollo, en Begonte, están enterrados os cadáveres de centos de franceses exterminados pola resisténcia lavrega? Ou que na Cruz de Santos, en Vilalva, morreron tamén masacrados centos de carlistas?

Uns anos máis tarde, o xornal lugués El Progreso publicou unha série de reportaxes da autoria de José de Cora nas que se lembravan alguns dos crimes máis célebres acontecidos na província. Unha desas reportaxes tratava o suceso d'A Léghoa Dreita. Ali, naquelas páxinas, davan-se xa datos, datas, nomes próprios, e o vello conto deixava de ser mitoloxia rural chairega para transfigurar-se en história policial, en crónica negra, mais cun sabor característico, cunha singularidade cuxas causas non acerto a concretar. Quizais se deva simplesmente a que os feitos aconteceron nunha paisaxe e nunha toponímia estreitamente ligadas à miña vida cotiá. Talvez sexa iso. Ou talvez a questón radique en lugares máis subterráneos do noso espírito colectivo. Pois, lendo a narrazón do crime, un non pode evitar lembrar a história ben coñecida do primeiro home do saco documentado na España, o temível Francisco Leona, que fixo vítima da superstizón máis macabra a un neno inocente, Bernardo González. Algo deste medo irracional deambula sen dúvida polo suceso d'A Léghoa Dreita.
Deixo-vos aqui o relato dos feitos tal e como o encontrei recentemente na web de La Voz de Galicia, na cal mesmo aparece unha fotografia da casa da desgrazada vítima. Atendei ao dramatismo e a eses accesórios da história que ben poderian ser simples achegas da tradizón oral (que sen dúvida matizou e deformou muitos dos pontos desta história). E, sobretodo, fixai-vos na ironia, na grotesca ironia do desenlace. Verdadeiramente, hai muitos contos de terror menos logrados ca esta história maldita no corazón da Terra Chá.

Las tierras chairegas se vieron brutalmente manchadas de sangre cuando alumbraba el siglo XX. Un vecino de la parroquia de Nete fue brutalmente asesinado en A Legua Dereita, entre Vilalba y Begonte. El método usado por sus asesinos no pudo haber sido más cruel, salvaje y tribal. Para matar a su víctima siguieron un macabro ritual recomendado por un curandero.

Aunque el crimen se cometió en Terra Chá, tuvo sus orígenes en la localidad madrileña de Humanes, a la que todos los años se trasladaban grupos de jornaleros chairegos para realizar las tradicionales labores de recolección de trigo. En el entonces pequeño y agrícola municipio madrileño, un grupo de trabajadores de las parroquias de Ínsua y Ladra desarrollaba sus clásicas tareas de siega de cereal entre junio y julio. Como en todas las colectividades que se desplazaban a las fincas de Castilla, existían diferencias ancestrales entre unas y otras que, en la mayoría de los casos se saldaban con la retirada del saludo, pero sin llegar nunca a casos extremos.

Esta particularidad era conocida en la época desde hacía varias décadas por los patronos para los que trabajaban los chairegos durante el verano. Uno de ellos profundizó en el asunto y supo de las desavenencias que enfrentaban a un mayoral gallego, Bautista de Insua con otro trabajador, conocido como Cabarcos. Así, el patrono propuso a Bautista la posibilidad de darle un escarmiento a Cabarcos. Al parecer, la esposa del patrono se encontraba gravemente enferma de cáncer de piel. Aunque los médicos ya la habían desahuciado, acudió a un curandero en busca de un remedio extremo. La terapia propuesta por este último era de lo más cruel y bestial. La misma consistía en colocarle a la mujer sobre su rostro la piel de la cara de un hombre barbilampiño, pero tenía que serle arrancada en vivo.

El amo, al que servían los vecinos de Insua y Ladra, le encomendó a Bautista que con su cuadrilla, cuando estuviesen en Galicia, llevasen a cabo una acción como la propuesta por el curandero. A cambio recibirían una importante suma de dinero. El elegido para llevar a cabo el macabro suceso era Cabarcos. Asimismo, el dueño de las fincas trigueras conocía a fondo el carácter aguerrido y sanguinario de Bautista, a quien se le atribuía otro crimen cometido a finales del XIX, del que nunca fue incriminado por falta de pruebas.

Tras preparar la acción de forma minuciosa, en los primeros días de mayo de 1911, el 10, coincidiendo con una de las ferias de la comarca a la que habían asistido tanto los asesinos como la víctima, era la fecha elegida para ejecutarla. Para ello, y conocedores de la envergadura física de Cabarcos, un hombre de más de 1,80 de altura y una gran corpulencia, los verdugos se desplazaron a caballo con el objetivo de cometer la brutal tropelía. Pero, previamente comenzaron las chapuzas que les llevarían a ser descubiertos de forma inmediata.

En una taberna del término municipal de Begonte, habían estado bebiendo y jactándose de la acción que iban a cometer. El propietario del local los observó y escuchó sus comentarios. Algo más tarde se pasó por el mismo bar Cabarcos, la víctima. El tabernero le advirtió del peligro que corría y le ofreció posada para aquella noche y también un arma de fuego para defenderse, a lo que el asesinado rehusó en varias ocasiones de forma taxativa.

Cabarcos confiaba en sus propias fuerzas y no creía que aquellos hombres pudiesen hacerle daño alguno o que, cuando menos, el no pudiese defenderse de ellos. A la altura de Fonfría, cerca del Castillo de Caldaloba, se comenzó a gestar la tragedia. En el lugar le esperaban cuatro hombres a caballo que, tras rodearlo, no lograron derribarlo ni hacerle rendirse en un primer momento. La víctima aguantó más de 500 metros hasta que le hicieron hincar el pie y sobre él se supone que se abalanzaron los cuatro, entre los que se encontraba Bautista.

Los gritos de Cabarcos, impotente ante aquellos criminales, se escucharon en las casas próximas pero ningún vecino se atrevió a auxiliarle. «Mátame Bautista, pero non me arranques a pel en vivo» eran las palabras que gritaba Cabarcos ante sus verdugos, según los testigos. Al parecer, el pobre hombre murió desangrado mientras le arrancaban la piel de su rostro, aunque su cadáver presentaba dos tiros de escopeta en la espalda, que le fueron propiciados después de su muerte.

En la noche posterior al crimen, uno de los participantes en el macabro suceso llegó muy tarde a su casa y le comentó a su madre que le habían dicho que acaban de matar a Cabarcos, a lo que su progenitora le respondió: «¡Fuches ti, ladrón!».

Tras el cierto presentimiento de su madre, no dudó en huír a Cuba, antes de que fuese descubierto por la justicia. Sin embargo, Bautista y los restantes compañeros se dirigieron al día siguiente a una fonda vilalbesa en la que comieron y bebieron en abundancia, y comenzaron a jactarse de la barbaridad que cometieran. A los pocos días, fueron detenidos varios de los participantes en el brutal crimen, entre ellos el mítico Bautista de Ínsua. Tras el proceso judicial, sólo se condenó a éste a la pena de 28 años de prisión, que cumpliría íntegramente.

El macabro objetivo de arrancarle en vivo la piel a un hombre fue cumplido con éxito. El pellejo de Cabarcos llegaría a Humanes dos meses más tarde en el interior de un magro de jamón. El supuesto remedio de la enfermedad se desconoce si llegó a ser efectivo o no, ya que la enferma ya había fallecido cuando llegó la piel del rostro de Cabarcos. En los años posteriores al brutal crimen se empezó a generar una leyenda en torno a este caso.


4 Comentários:

Anonymous aguaruna disse...

Ulmo. Es salvaje. La historia no tiene parangón con nada que haya leído.

segunda-feira, setembro 29, 2008

 
Blogger Ulmo de Arxila disse...

Olá Aguaruna! Efectivamente, un relato estremecedor. O caso é que a releitura desta história trouxo-me à cabeza outros horrores acontecidos na miña comarca natal, como o caso da família dos Queimavellas, un de cuxos descendentes foi o responsável de meter nun forno ardendo a unha vella da sua parróquia à que acusavan de meiga.
Un saúdo e graciñas por pasar-te por este blogue!

segunda-feira, setembro 29, 2008

 
Anonymous ghuilianxallas disse...

Se é que témosche de todo... Ás veces pódenos parecer que os cantos de cegos son impactantes para atraer o público ( que tamén) pero o certo é que non poucas veces a realidade supera a ficción...

Non coñecía esta historia (a dos queimavellas si) pero si que coñecía a aldea e máis a cruz, e (non sei moi ben por que) sempre a atribuín a un accidente de tráfico...

Desde logo, incluso na novela negra temos un enorme recurso na literatura popular. Ben mellor era que os cegos só tiveran que cantar como os gaiteiros perdían as mozas por vender a gaita ou a historia das tres mulleres dunha casa que casaban no mesmo día.

A historia, aínda así, vale a pena, así que muito obrigado por achegala, Ulmo...

X certo, que eu coñezo varias Cabarcos... Igual che son descendentes do pobre homiño... Aínda hei preguntar, heheeh

Apertas!

terça-feira, setembro 30, 2008

 
Blogger Ulmo de Arxila disse...

Boas Ghüilian Xallas!
O certo é que o apelido Cabarcos é relativamente frecuente en toda a miña zona, ainda que a sua orixe está na Mariña de Lugo, coa que tan boa relación tivemos sempre os chairegos... non sei se me entendes... ;-)
Saudiños!

terça-feira, setembro 30, 2008

 

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